La partida de Luis Antonio Mendoza, o más conocido como “el tío Lucho”, deja un vacío enorme en el automovilismo nacional. Más que un piloto, fue un apasionado de las carreras que vivió este deporte durante más de tres décadas, desde sus inicios como reportero en ruta hasta convertirse en protagonista de algunas de las competencias más exigentes del país.

Su historia refleja lo que significa amar verdaderamente este deporte: el miedo de la primera carrera, la emoción de las victorias, el orgullo de correr junto a su hijo y la perseverancia para mantenerse vigente durante tantos años. Fue un competidor incansable, pero también un hombre que entendía el valor del equipo, de los patrocinadores y de tenderle la mano a las nuevas generaciones.

Hoy se va una figura que no solo corrió carreras, sino que dejó huella en cada kilómetro, en cada historia y en cada persona que compartió su camino.

Nuestras más sinceras condolencias a su familia, amigos y a toda la comunidad automotriz. Su legado seguirá rondando en la memoria de todos.