El parque automotor peruano enfrenta una problemática que avanza de forma silenciosa pero sostenida. Con una edad promedio de más de catorce años, la flota nacional incluye buses y camiones que superan los treinta años de antigüedad, una situación que repercute en la contaminación, la siniestralidad y la congestión urbana, afirmó la Asociación Automotriz del Perú (AAP).
Mientras países como Chile y Japón reportan una antigüedad promedio de diez y nueve años respectivamente, Perú registra una de las cifras más elevadas de la región.
Uno de los efectos más notorios del envejecimiento vehicular es el incremento de las emisiones contaminantes. Según datos de IQ Air, en 2024 Perú reportó un índice de partículas PM2.5 de 17,1 µg/m³, cifra que triplica el límite recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), establecido en 5 µg/m³. Esta situación posiciona al país entre los niveles más altos de contaminación ambiental en América Latina.
La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos estimó que la exposición a PM2.5 genera unas diez mil muertes anuales en Lima y Callao, representando un costo cercano a USD 12.800 millones. En 2023, las infecciones respiratorias agudas bajas ocasionaron veinticinco mil ochenta y tres decesos en el ámbito nacional, según Sinadef.
Los niños de zonas del norte y este de Lima resultarían los más expuestos, de acuerdo con un estudio de Tapia et al. (2018), que identificó al transporte como la fuente primaria de CO2, NO2 y PM2.5. A nivel internacional, Perú se comprometió en la COP21 París 2015 a reducir en 30% sus emisiones de gases al año 2030, ampliando el objetivo hasta 40% tras la actualización de su Contribución Nacionalmente Determinada (NDC) en 2020, con miras a alcanzar la carbono neutralidad en 2050.
El envejecimiento del parque automotor influye también en la seguridad vial. Cifras del CIDATT muestran que el setenta y ocho por ciento de los vehículos de transporte público involucrados en siniestros fatales en Lima tenían más de diez años de uso.
El informe TomTom 2024 ubica a Lima como la segunda más congestionada de América Latina y la séptima a nivel global. Esta situación contribuye al aumento de emisiones por el uso prolongado e ineficiente de los motores.