Los accidentes de tránsito en el Perú se han vuelto cada vez más frecuentes y continúan cobrando la vida de cientos de personas, enlutando a numerosas familias. Para la Asociación Automotriz del Perú (AAP), esta problemática responde a una combinación de factores estructurales como la falta de educación vial, el débil control del tránsito y la antigüedad del parque automotor.

Así lo señaló Alberto Morisaki, gerente de Estudios Económicos de la AAP, quien explicó que el país enfrenta un serio rezago frente a otras economías de la región.

Vehículos más antiguos y menos controlados

Uno de los principales problemas, según Morisaki, es la edad promedio de los vehículos que circulan en el país. Mientras que en el Perú el parque automotor tiene una antigüedad promedio de 14.5 años, en Chile es de apenas 11 años.

A ello se suma que, de acuerdo con estándares internacionales, alrededor del 10% de los vehículos debería salir de circulación cada año, pero en el Perú solo se retira el 1.2%, lo que prolonga la presencia de unidades obsoletas y poco seguras en las vías.

“Un parque automotor antiguo genera accidentes y altos niveles de contaminación, lo que a su vez provoca enfermedades. Además, resta competitividad al mercado y genera congestión vehicular, haciendo que las personas pierdan tiempo sin avanzar en el tráfico”, sostuvo Morisaki.

Baja venta de autos nuevos frente a la región

El representante de la AAP también alertó que la venta de vehículos nuevos en el Perú es baja en relación con su población. En el país se comercializan 90 vehículos por cada 1,000 habitantes, una cifra muy inferior a la de otros países de la región:

  • Chile: 334 vehículos por cada 1,000 habitantes
  • México: 290
  • Ecuador: 145
  • Colombia: 130
  • Bolivia: 115

La brecha también se mantiene a nivel de grandes ciudades. En Lima se venden 216 vehículos por cada 1,000 habitantes, mientras que en Bogotá la cifra llega a 280, en Buenos Aires a 500 y en Ciudad de México a 270.

Chatarreo e incentivos: una salida pendiente

Morisaki consideró que las autoridades deben implementar medidas estructurales y no limitarse a operativos reactivos tras accidentes de alto impacto mediático.

Entre las propuestas, destacó la necesidad de impulsar un programa de chatarreo vehicular, similar al aplicado en otros países, donde se otorgan bonos para retirar vehículos antiguos, con incentivos mayores si el nuevo auto adquirido es menos contaminante o eléctrico.

Críticas a la carga tributaria sobre vehículos nuevos

El economista de la AAP también cuestionó el impuesto vehicular, que se paga durante tres años desde la primera inscripción del vehículo, señalando que desincentiva la compra de autos nuevos.

“El impuesto debería aplicarse a quienes tienen vehículos antiguos y altamente contaminantes”, afirmó.

Asimismo, criticó el Impuesto Selectivo al Consumo (ISC) aplicado a los vehículos nuevos, ya que encarece los precios y limita las importaciones, afectando la renovación del parque automotor.

Infraestructura y educación vial, los grandes pendientes

Finalmente, Morisaki subrayó que cualquier solución debe incluir una mejora sustancial de la infraestructura vial y una reforma profunda de la educación vial.

También advirtió sobre las deficiencias en las inspecciones técnicas, señalando que el sistema actual permite que vehículos contaminantes y en mal estado continúen circulando.

“Necesitamos que las revisiones técnicas funcionen de verdad. Hoy se paga por pasar y por eso vemos tantos vehículos que contaminan y representan un riesgo en las calles”, concluyó.