La reciente crisis del petróleo comienza a impactar en las decisiones de consumo y en las estrategias empresariales. En ese escenario, la electromovilidad empieza a ganar protagonismo en el Perú como una alternativa más eficiente y sostenible. Sin embargo, su adopción masiva aún enfrenta desafíos estructurales que limitan su expansión.

De acuerdo con la Asociación de Emprendedores para el Desarrollo e Impulso del Vehículo Eléctrico (AEDIVE Perú), el país cuenta actualmente con 1,891 vehículos eléctricos, una cifra que refleja un crecimiento sostenido impulsado principalmente por el sector privado. Solo en los dos primeros meses de 2026, las ventas de vehículos eléctricos crecieron alrededor de 54% en comparación con el mismo periodo del año anterior.

“El Perú ya está próximo a incorporar casi tres vehículos eléctricos por día, lo cual es muy importante. En enero el crecimiento fue cercano al 60% y en febrero de casi 49%”, señaló Adolfo Rojas, presidente de AEDIVE.

En términos concretos, las ventas pasaron de 60 a 84 unidades en enero, mientras que en febrero se registraron 82 unidades eléctricas. Si se suman los vehículos híbridos, el crecimiento es aún más significativo: más de 2,500 unidades electrificadas fueron vendidas entre enero y febrero, lo que representa un incremento cercano al 90%, según la Asociación Automotriz del Perú (AAP).

Actualmente, los vehículos híbridos dominan el mercado con el 87% de participación, mientras que los eléctricos puros e híbridos enchufables representan el 13%. Aun así, este segmento ha crecido considerablemente si se compara con hace cuatro años, cuando no superaba el 9%.

Uno de los principales factores que impulsa esta tendencia es el ahorro en costos operativos. Según especialistas, el gasto en energía de un vehículo eléctrico puede ser entre 80% y 90% menor frente a uno de combustión interna, lo que resulta especialmente atractivo para empresas logísticas y de transporte.

El impacto de la crisis energética

La reciente alza de los combustibles, provocada por la rotura de un ducto de gas en Camisea, ha acelerado el interés por la electromovilidad, especialmente en el sector empresarial. AEDIVE estima que esta coyuntura generó un incremento adicional del 20% en la demanda de unidades eléctricas durante marzo.

“Muchas empresas logísticas ya están licitando concursos para incorporar unidades totalmente eléctricas”, explicó Rojas, evidenciando un cambio progresivo en la matriz de transporte corporativo.

El precio, la principal barrera

A pesar del crecimiento, el costo de entrada sigue siendo el mayor obstáculo. Un vehículo eléctrico puede costar entre US$ 8,000 y US$ 15,000 más que uno convencional, mientras que en el segmento liviano la diferencia puede alcanzar entre el 20% y 30%.

Esta brecha dificulta la decisión de compra, especialmente en un mercado donde el desembolso inicial sigue siendo un factor determinante, pese a que la inversión puede recuperarse en pocos años gracias al ahorro operativo.

Infraestructura y políticas: los retos pendientes

Otro desafío clave es la infraestructura de carga. Actualmente, el Perú cuenta con alrededor de 65 puntos de carga, y se espera que se sumen unos 50 adicionales en 2026, principalmente de carga rápida. Sin embargo, su distribución y uso aún son limitados.

“Hoy no hay ni diez puntos públicos de carga rápida en la calle. La mayoría está en centros comerciales y no siempre se utilizan de manera eficiente”, advirtió Rojas.

A esto se suma la falta de políticas públicas robustas que incentiven la adopción de vehículos eléctricos. Mientras en otros países de la región la participación de este segmento supera el 20% o 30%, en Perú apenas alcanza el 5%.

Según proyecciones de la AAP, aunque el mercado de vehículos electrificados podría crecer entre 50% y 60% en 2026, la penetración total apenas subiría de 5% a 6% hacia fin de año.

Un futuro prometedor, pero gradual

El avance de la electromovilidad en el Perú es evidente, impulsado por factores económicos, tecnológicos y ambientales. No obstante, su consolidación dependerá de una combinación de mayor infraestructura, reducción de costos y políticas públicas que faciliten su adopción.

Por ahora, el país avanza a buen ritmo, pero aún lejos de una transformación total del parque automotor.