La congestión vehicular no solo prolonga los viajes: también eleva los costos de traslado, reduce el tiempo disponible para otras actividades y limita el acceso a oportunidades laborales en Lima, Arequipa, Trujillo y Piura.
Un recorrido que debería tomar pocos minutos puede terminar consumiendo buena parte del día. La congestión vehicular se ha convertido en uno de los principales problemas de movilidad urbana en el Perú, donde miles de personas enfrentan desplazamientos cada vez más largos y costosos.
El problema no se concentra únicamente en Lima. Arequipa, Trujillo y Piura también registran dificultades en sus sistemas de transporte, aunque con características distintas. Según datos citados por la Red de Estudios para el Desarrollo, Trujillo acumula 130 horas perdidas al año en el tráfico, mientras que los buses de Piura circulan a una velocidad aproximada de 16 km/h.
Estas cifras reflejan un problema que va más allá de la cantidad de vehículos: también intervienen la falta de transporte masivo, las rutas fragmentadas y una gestión vial que enfrenta dificultades para responder al crecimiento de las ciudades.
Lima: más de ocho días al año perdidos en el tráfico
En Lima, cada conductor perdió 195 horas durante las horas punta de 2025, de acuerdo con TomTom. El tiempo equivale a más de ocho días al año atrapado en los momentos de mayor congestión. La velocidad promedio presentada por la Red de Estudios para el Desarrollo se ubica en 15 km/h.
La cantidad de vehículos, sin embargo, no explica por sí sola el problema. Según Perú Debate, Lima tiene menos vehículos por habitante que Bogotá, Santiago o São Paulo. Una de las dificultades está en que una parte importante de los viajes se realiza en vehículos de baja capacidad y mediante rutas superpuestas que utilizan las mismas vías para trasladar a menos pasajeros.
A ello se suma la limitada participación del transporte masivo. La Línea 1 del Metro y el Metropolitano concentran apenas uno de cada diez viajes en transporte público, según el Banco Mundial. La mayoría de pasajeros depende de buses, combis y otros vehículos que circulan por una red vial que no crece al mismo ritmo que las necesidades de movilidad de la ciudad.
El tráfico también limita el acceso al empleo
Los tiempos de traslado pueden condicionar las oportunidades laborales. Según Apoyo Consultoría, solo el 18% de los empleos puede alcanzarse en menos de 45 minutos utilizando transporte público.
El mismo análisis señala que los empleos informales suelen ubicarse más cerca de los hogares. Esta relación muestra cómo la movilidad puede influir en las opciones de trabajo disponibles para una persona, dependiendo de dónde vive y cuánto tiempo necesita para desplazarse.
Arequipa, Trujillo y Piura: otras ciudades también enfrentan congestión
Arequipa: rutas sobrepuestas y cobertura limitada
Arequipa presenta uno de los escenarios más complejos fuera de Lima. De acuerdo con los datos citados por la Red de Estudios para el Desarrollo, la ciudad registra un 51% de sobreoferta de rutas y una cobertura urbana de solo 61%. Además, su nivel de congestión supera al de la capital.
La ciudad lleva más de 20 años intentando implementar un sistema de transporte integrado. El proceso evidencia las dificultades para ordenar las rutas y ofrecer una alternativa que responda a las necesidades de movilidad de su población.
Trujillo: 130 horas perdidas al año
En Trujillo, los ciudadanos pierden alrededor de 130 horas anuales en el tráfico. La ciudad tampoco cuenta con infraestructura de transporte masivo, por lo que los desplazamientos cotidianos dependen principalmente de los servicios disponibles para atender la demanda.
Piura: buses a 16 km/h
En Piura, los buses circulan a una velocidad aproximada de 16 km/h. La presencia de mototaxis y taxis también forma parte del sistema de movilidad, mientras la ciudad aún no cuenta con un sistema de transporte formulado.
Aunque las condiciones son diferentes, las cuatro ciudades comparten dificultades para organizar sus desplazamientos y responder a la demanda de transporte.
Congestión vehicular: impacto en el tiempo, el bolsillo y la calidad de vida
Las horas que una persona pasa dentro de un vehículo representan tiempo que deja de dedicar al trabajo, los estudios, el descanso o la vida familiar. Los viajes prolongados también pueden incrementar los gastos de traslado y combustible.
El impacto alcanza, además, al acceso a servicios y oportunidades. Cuando llegar a determinados empleos requiere recorridos extensos, la ubicación del hogar puede convertirse en una barrera para acceder a ellos.
La infraestructura también influye en la movilidad. Las pistas, veredas y vías locales deterioradas pueden dificultar los desplazamientos y aumentar los riesgos para conductores y peatones. Las municipalidades distritales tienen responsabilidades sobre las vías locales y la señalización, mientras que la Municipalidad Metropolitana de Lima ejerce competencias sobre el transporte público, el tránsito y la señalización dentro de su jurisdicción.
Transporte masivo y gestión vial: los desafíos pendientes
Entre las alternativas planteadas por el Banco Mundial figuran el fortalecimiento del transporte masivo, la integración de rutas, las líneas de metro, los semáforos inteligentes y los sistemas centralizados de gestión del tránsito.
El reto para las ciudades peruanas es convertir estas propuestas en mejoras concretas para los usuarios: viajes más eficientes, seguros y accesibles. Mientras tanto, la congestión continúa afectando no solo la forma en que las personas se desplazan, sino también el tiempo y las oportunidades que tienen disponibles.